Leyendo el Periódico POR ESTO! del dia de hoy, me encontré una nota en la sección de Cultura que me encantó, puesto que habla un poco de como era la publicidad hace muchos años en la "Ciudad más silenciosa de México" jajajajaja... Espero que lo disfruten:

Aquellos espectaculares imborrables
2009-09-30
Conrado Roche Reyes
¡Frenos sí, claxon no! Prohibido tocar el claxon (letrero hasta los 60’s)
La ciudad se encuentra hoy día atiborrada de enormes anuncios comerciales fabricados con material altamente contaminante y de difícil, algunos, de imposible reciclaje o biodegradación. En su mayoría nos muestran la figura aquí de mujeres espectaculares. Esto no tiene mucho tiempo. Comenzó precisamente en el instante en que los investigadores advirtieron del fenomenal peligro que corría el planeta con materias que lastimaban irremisiblemente nuestro mundo. Algo debemos estar haciendo mal porque parece ser que existe el afán de continuar contaminando. Alguien debe tener la culpa, y sospecho, al igual que tú, amigo lector, que son precisamente las empresas e industrias dedicadas, aunque parezca incongruencia, al negocio de la “conservación del planeta”. Son consorcios tan grandes y redituables como quienes producen tales artificios. De este tamaño ha llegado a ser la perversión humana.
Hablaré de antiguos anuncios que dejaron huella imborrable entre los meridanos que ya pintamos canas, nos las teñimos, o se nos cae el cabello. Pienso que el más emblemático –como ha gustado esta palabreja a los nuevos intelectuales- fue uno, el más grande de la época y que todos los anteriores llevan aún en la retina, hablo de los vetarros, situado en el techo de lo que entonces era una cantina cuyo nombre no recuerdo –el maestro Roldan debe saberlo, ya que es experto cantinómano, no briago, recalcó, investigador serio de estos templos de Baco – en donde hoy existe un restaurante, creo llamado “Plaza terraza”, justo enfrente al Palacio de Gobierno, contra esquina (calle 61 x 62), que con la entonces novísima invención del gas neón presentaba la figura de un torero y un burel al cual el diestro, muy semejante a “Manolete” hasta en forma de ejecutar el pase, efecto logrado por el movimiento coordinado de las luces al final de ejecutar unas letras que decían ¡ole!. ¿O estoy equivocado mi estimado Manuel?....siempre sobre la calle 60 un poquito más al norte, media cuadra, un chamaco se paseaba a las puertas del establecimiento con dos letreros, uno adelante y otro detrás, de los llamados y ya en desuso hombre sandwich y que rezaban. “Luis aquí da la hora”, el delantero, y por detrás un reloj con la misma. Era de la veterana y que se resiste en sucumbir al progreso Joyería Luis.A la entrada de la ciudad viniendo por la carretera a Campeche, que era a su vez la de México, un enorme letrero que atravesaba el asfalto y recibía al visitante con las siguientes palabras: “Bienvenidos a la ciudad más silenciosa de México”. ¡Qué tiempos señor don Simón!. Hoy creo es la más escandalosa del mismo país, pero tan diferente.A las puertas de la iglesia de Santa Ana, en el piso- cuantas ocasiones leí aquello, no se si aún persista – una lápida que anunciaba el ungüento 666. Vaya ironía. El slogan escrito por toda la urbe de “Si toma, no maneje. Si maneja, no tome”. “Mejor, mejora, mejoral”. “Siga los tres movimientos de fab, remoje, exprima y tienda”, inventado nada menos que por Salvador Novo.En los camiones, las paredes estaban tapizadas por anuncios llamados Láminas. “¿Hemorroides? Crema no recuerdo cuál”. “Favor de no parar a los niños en los asientos”. “Cuando vaya a bajar, no grite, jale el sosquil”. La mayoría de estas láminas eran hechas por el gran grabador yucateco, maestro Emilio Vera Granados. Al igual que las de los cines que eran pasadas antes de comenzar la función. El último que indicaba: “Se prohíbe fumar en el interior de esta sala”, era recibido por sonora rechifla. Por supuesto nadie hacia caso del mismo y se la pasaban toda la función fumando.Todavía no se descubría que se trataba de criminales, digo, los fumadores. Para disuadir a los guiadores irresponsables, a la salida de la carretera a Progreso, en una gran base de piedras se encontraba un coche despedazado. Se le conocía como el monumento al auto destrozado.Y si de anuncios radiofónicos se trata, no alcanzaría en este desvalido texto. Van algunos muy locales. “Pérez hay muchos, pero chocolate Pérez solo uno”. “Veladoras el Faro, se consumen hasta la última gota”. “Sidra Pino, el champán de Yucatán”. “¿Melón Pino?, me lo empino”. Y así, podríamos continuar. Espectacular ¿no